A los Líderes de los Medios de Comunicación, Página 2 de 4
historia de Honduras hemos actuado como si (1) realmente no lo entendiéramos, o como si (2) la ética y la productividad no fueran dignos del mínimo “esfuerzo” requerido para obtener paz y prosperidad.
Sabemos que no se puede obtener un resultado sin hacer lo que es necesario para obtenerlo. También sabemos que un esfuerzo normal conduce a resultados normales, y que un esfuerzo menor que el normal resulta en menos que lo deseable. Nuestro problema es que estamos tan retrazados en nuestras aspiraciones, que requerimos actuar y trabajar con mucha superioridad a lo normal, porque de lo contrario NUNCA alcanzaremos una cercanía aceptable a las naciones prósperas del mundo. Pero, gracias a nuestro Dios, sí podemos lograr nuestros objetivos a través de los dos medios requeridos –ética y productividad. No hay nada ni nadie que nos lo impida, más que nosotros mismos.
En el cuarto párrafo de la primera página, mencionamos que es necesaria la intersección de la ética y la productividad; ya que la ética pura sin productividad nos mantendría en pobreza, mientras que solo productividad sin ética agudizaría la injusticia, la inseguridad, el trabajo opresivo, el liderazgo dañino y el desastre económico. Además, recordemos que si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos obteniendo los mismos resultados.
Parafraseando al Evangelista Billy Graham: “No podemos cambiar el pasado. Lo que haya ocurrido -bueno o malo, no puede ser alterado; y todos los eventos que han hecho a Honduras lo que hoy es, están inscritos en nuestra historia. Pero con la ayuda de Dios podemos cambiar el futuro, y podemos empezar ahora mismo. El futuro no necesita ser una copia del pasado, ni Dios quiere que lo sea. No importa como hayamos sido, Dios quiere poner nuestros pies en un nuevo sendero... Su sendero.”
Por su parte, S.E. el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga nos ha puntualizado que: ‘Cuando quieras conocer mejor a alguna persona, no preguntes de quién es hijo, pregunta de quién es padre.’
Actuando éticamente y desempeñándose productivamente, cada quien hace lo que se espera de él o ella: El maestro logra educar mejor a más estudiantes; el padre orienta con más precisión a sus hijos en el desarrollo de sus principios; el Presidente de La República guía con más sabiduría y administra con más eficacia; el juez provee justicia oportunamente con la aplicación cabal de la Ley, y no aparenta aplicar bien la Ley a expensas de la justicia; el empresario es capaz de remunerar a su recurso laboral mejor que la competencia, y así lo hace, por medio de la eficiencia productiva, y obtiene buenas utilidades a través de la excelencia en el suministro de bienes o servicios de la más alta calidad, a un costo óptimo y con entrega totalmente satisfactoria para su cliente; el trabajador, el embajador, el médico, el policía, todos, aportan lo mejor a través de su trabajo. Pero, lo contrario produce lo contrario: el empresario, el trabajador, el servidor público, el juez, el padre, el maestro, el pastor, el sacerdote, todos, cuando actuamos sin ética o sin productividad, contribuimos a que se agudicen en el País las conductas reprensibles y el atraso económico.
|
|